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PROFESIÓN TEMPORAL SANDRA MILENA Y KATHY LORENA

El día 15 de Agosto de 2012, en las II Vísperas de la Asunción hemos tenido la profesión monástica de nuestras hermanas Sandra Milena Hernández y Kathy Lorena Martínez, presidida por el Fr Roberto de la Iglesia, Superior del  Monasterio de San Pedro de Cardeña.

Homilía

BENAVENTE  15 / VIII / 2012
 

Queridas hermanas de Benavente, queridas Kathy y Sandra, queridos hermanos todos:

 

1 - En la fiesta de la Asunción de Ntra. Sra. nos reunimos aquí para asistir, como iglesia, a la celebración de vuestra profesión religiosa. Parece que, como acabo de decir, la profesión es algo que "hacemos" los religiosos cuando nos llega el tiempo debido, pero si os fijáis bien, lo que habéis pedido al comienzo de este rito no es otra cosa que "la misericordia de Dios y de la Orden". Queridas hnas., es Dios quien os hace misericordia, es la Orden quien os acoge misericordiosamente y se compromete a hacer el camino con vosotras, tal como sois. Hoy es un día de gracia para vosotras, para esta comunidad de Benavente, para la Orden y para toda la Iglesia, la gracia que da Dios en su bondad y que nos llena siempre.

Por eso este día es apropiado para profesar. La Asunción es un misterio de gracia. Bien nos lo explica San Bernardo: "Lo único que nosotros necesitamos es gracia...Hermanos, ¿para qué codiciar otras cosas? Busquemos la gracia, y busquémosla por María..Que otros se dediquen a acumular méritos: nuestro afán sea hallar gracia" (Sermón en el nacimiento de Santa María). Y también: "Nosotros, siervecillos tuyos, María, te felicitamos por todas tus virtudes; pero en ésta de tu misericordia nos felicitamos a nosotros mismos. Alabamos la virginidad y admiramos la humildad. Pero la misericordia sabe más dulce a los miserables; la abrazamos con más cariño y recurrimos a ella sin cesar...Por ti se llenó el cielo, se vació el infierno, se restauraron las ruinas de la Jerusalén celestial, y los miserables recuperaron la vida que habían perdido...Corra, pues, nuestra alma sedienta a esta fuente caudalosa; que nuestra miseria recurra insistentemente a este cúmulo de misericordia. Estos son, Virgen bendita, los votos que te dirigimos al subir junto a tu Hijo, y te acompañamos, al menos de lejos" (Asun 4, 8-9). La profesión religiosa es también un misterio en el que se juntan la miseria humana y la misericordia de Dios. No somos nosotros los que vamos delante, nosotros solo seguimos a Jesús. No somos nosotros los que decimos "sí", es él quien nos dice "sí" a nosotros y en su gran "sí" nosotros podemos clavar nuestro pequeño y vacilante "sí".

2 - Queridas hermanas Sandra y Kathy. Llegáis ahora a una etapa importante en vuestro camino monástico. Desde hoy pertenecéis a la vida religiosa por medio de vuestra consagración. Cuando uno está de camino siempre anhela llegar al final y puede que se le pasen por alto muchas bellezas intermedias. 

A este propósito cuentan que "un joven monje se presentó a su Maestro y le preguntó:

'¿Cuánto tiempo crees probable que pueda llevarme el alcanzar la iluminación?' 'Diez años', le respondió el Maestro. El joven quedó impresionado. '¿Tanto?', preguntó sin dar crédito a sus oídos. Y el Maestro le dijo: 'No, me he equivocado. Te llevará veinte años'. '¿Por qué el doble?', preguntó el joven. 'Bien pensado', dijo el Maestro, 'en tu caso probablemente sean treinta años' ". Algunas personas nunca aprenderán nada, porque lo comprenden todo demasiado pronto. Después de todo, la sabiduría no es una estación a la que se llega, sino una manera de viajar. Si viajas demasiado aprisa, no ves el paisaje. Saber exactamente adónde va uno en la vida monástica puede ser la mejor manera de extraviarse.

Que vuestro viaje al interior de vuestro corazón, eso es para nuestros Padres Cistercienses la vida monástica, no sea un "sprint" por llegar, sino un camino saboreado a cada instante. Que cada momento estéis toda entera en aquello que hacéis. Porque no hay que llegar a ninguna parte prestablecida, se trata más bien de caminar siempre, siempre en camino de conversión, ese es nuestro voto, el voto propio de los que seguimos la Regla de San Benito y que nos compromete especialmente. El voto de conversión de costumbres, o mejor el voto de comportarse como monje.

Este voto junto con el de estabilidad en la comunidad y el de obediencia nos hacen parecernos más a Cristo y a su Madre a quien también de alguna manera siguen los que abrazan la vida religiosa. Por la estabilidad nos comprometemos con una comunidad única. A la vida monástica no le van bien los cambios porque la acedia, el tedio de la vida siempre igual, puede estar rondando por ahí. San Juan Clímaco lo dice claramente en su Escalera Espiritual: "Los que fácilmente se cambian de lugar son generalmente poco estimados. Nada esteriliza tanto el espíritu como la falta de perseverancia". Si perseveramos siempre en el mismo lugar es para que cada día podamos dar una vuelta más en el tornillo que llega hasta el propio corazón. Si cada día cambiamos el punto en que apoyamos el tornillo nunca llegaremos a profundizar. San Benito sabía bien que una de las grandes tentaciones del monje es la insatisfacción por la vida siempre igual, la tentación del cambio por el cambio, por eso aplicó el remedio de la estabilidad.

Con el voto de obediencia escribís en la palma de vuestra mano: del Señor, propiedad del Señor. Así podréis alegraros de que él dirige vuestra vida. La obediencia nos identifica con Jesús crucificado. Las dos cruces que estaban al lado del Señor en el monte Calvario son también para los discípulos del Señor, especialmente los que se consagran a él por el voto de obediencia. Por él nosotros nos con-crucificamos con él, para ser semejantes a él siempre. Nuestra Orden, hermanas, es la cruz de Cristo y nosotros profesamos esa cruz, esto dice Elredo. Pero no os espantéis, él va delante, él está en el centro, él es quien da sentido a todo esto. No queramos ir por otro camino que el que fue él porque sino iremos errados.

Que María Asunta al cielo, a quien contemplamos hoy esplendente después de su peregrinación por la tierra sea nuestro consuelo en las contrariedades. A Ella os encomendamos.